martes, 15 de marzo de 2016

Muy buenos días... Por si deseen ver las fotos del evento Matemático que se llevó a cabo esté miércoles pasado es: EVENTO MATEMATICO (MARZO 2016) https://youtu.be/XV_rqm7Vmfo
Muy buenos días... Por si deseen ver las fotos del evento Matemático que se llevó a cabo esté miércoles pasado es: EVENTO MATEMATICO (MARZO 2016) https://youtu.be/XV_rqm7Vmfo

miércoles, 9 de marzo de 2016

Tarea: Escribir el Himno de San Agustín de Hipona... Himno a san Agustín de Hipona -XV Centenario de su muerte (430-1930)....I Crucé los altos montes de la historia, bañados de la gloria de quince siglos en las rojas lumbres; y sólo distinguí de las pendientes rumores de aletazos en las cumbres y regueros de luz en las vertientes. Luminosos regueros de chispazos, vibrantes aletazos, cual rastros de otros soles que se hundieron en el frío occidente de la historia y de águilas heridas que murieron encima de los riscos de la gloria. Todos, todos envueltos en sudario de olvido funerario se perdieron, cual rápidos vestigios; sólo brilló radiante tu figura, que se agiganta al paso de los siglos del negro olvido en la siniestra hondura. ¡Los he visto caer en el ocaso! Sólo tú, abriendo paso, entre apagados soles te levantas y en meridiano eterno te sostienes, por escabel la historia ante tus plantas, y el cielo por diadema de tus sienes. II ¡Ha quince siglos! África tostada junto a la mar sentada lloraba su dolor y su agonía, y en el límite azul de oriente incierto te vio brillar y floreció aquel día con floración espléndida el desierto. Y atónita la tierra estremecida, hacia África encendida volvió los ojos con afán de muerte, tras un signo de paz y de bonanza, y cual faro en la negra noche al verte te saludó cual sol de la esperanza. ¡Aquel mundo moría…! Repetidos sonaban los graznidos de los buitres germanos que en bandadas se posan sobre el mudo cementerio y ruinas en montón que ensangrentadas cubren ya la extensión del gran imperio. Empujadas por Dios ya se desploma la moribunda Roma, y, hecho jirones su glorioso manto, cayó bajo un montón de escombro y ruinas y mudo contemplaste con espanto la muerte de las águilas latinas. Bajan del septentrión frías tinieblas, y los coros de nieblas, como sombras de noche se han posado… ¡Pero brillaste tú sobre la altura, sosteniendo en tus manos levantado el pendón de la fe y de la cultura. Del Dios de la verdad soplo potente, bajó sobre tu frente y tu alma iluminó en radiantes lumbres, en un sangriento resplandor de gloria, e, inmenso reflector sobre las cumbres, alumbraste las vías de la historia. Todo, todo rodaba en desconcierto sobre el abismo abierto; mas la Ciudad de Dios se alzó atrevida sobre aquel mundo infiel que se derrumba: ¡La empresa colosal fue de tu vida poner el epitafio de su tumba! ¡Y salvaste aquel mundo! Con asombro sobre el montón de escombro plantar te vieron el pendón de Cristo… Y hoy que la humanidad herida llora, ¿volver no te verá…? ¡Sí! Ya te ha visto resplandecer con resplandor de aurora. Sobre la blanca espuma del estuario con luz de centenario hacia el mundo radiante te adelantas entre vagos incendios de arreboles y dejas como huellas de tus plantas una sangrienta inflamación de soles. III En el raudo corcel del pensamiento, más rápido que el viento atravesé con loca ligereza los dominios ilímites del hombre, buscando una corona de grandeza que digna fuese de tu ilustre nombre. Vi el desierto que mudo se extendía, mientras sobre él se abría la comba prolongada de los cielos, y el monte coronado por las rocas que en fiebre de titánicos anhelos hunde en las nubes sus nevadas tocas. Encima de las cumbres giganteas, como rojizas teas, se coronan de llamas los volcanes, salpicando de fuego el horizonte, como una ingente fragua de titanes en las entrañas ígneas del monte. ¡Pero tú eres más grande…! Centelleas, con resplandor de ideas, más que el volcán con sus hirvientes sienes. Mi lira a nada compararte pudo y una canción de eternos parabienes tan sólo te envió, como un saludo. Y al percibir del mar la sinfonía una voz me decía: “Más grande es Agustín”. Y alcé la frente y la lira pulsé; ¡mas todo en vano! que su triste vibrar lánguidamente insonoro moríase lejano. IV ¡Mas callad! ¡Ah…! ¡Callad! Rumores suenan que los ámbitos llenan de montes, de llanuras y de estuarios, y multitud frenética que aclama, y el resonar de quince centenarios que de un sepulcro en derredor nos llama. ¿No oís el son de los gigantes coros y los himnos sonoros en el cóncavo azul del firmamento? ¿No oís sonar la colosal orquesta, y el eco no escucháis, rasgando el viento, que en las celestes plazas la contesta? Son los himnos gigantes de victoria los cánticos de gloria, de quince siglos al rasgar los velos y aparecer tu espléndida figura bajo el inmóvil palio de los cielos. ¿Y yo qué haré? Mi lira estremecida, por tu grandeza herida, se resiste a vibrar, ya casi rota; y ya que un canto a modular no acierto ansío que mi voz, como una nota, se pierda en ese colosal concierto.